El panga es un pescado blanco que se consume mucho en España, de hecho somos el país de Europa que más panga consume e importa, concretamente 23.179 toneladas de panga importamos en 2015. El panga es fácil de comer, no tiene espinas, ya que viene procesado, y es rápido de cocinar. Quizá estas son las características por las que su consumo y venta ha aumentado tanto. Sin embargo es un pescado que no está exento de polémica.



Comer panga implica muchas cosas. El panga es un pescado de acuicultura que se cría en el río Mekong, uno de los ríos más contaminados de Vietnam. Contaminación que aumenta debido a la acuicultura intensiva de panga. En 2012 ya desde Greenpeace os contamos los problemas del panga. Su cría intensiva ha ido desplazando otras maneras de vida y otros cultivos como el arroz; la creciente demanda hace que se esté destruyendo el manglar para construir más jaulas y a todo esto se le suma la contaminación que producen estas jaulas de acuicultura por el uso de químicos y medicamentos.

En varias comunidades autónomas españolas se está pidiendo que se deje de servir en los colegios e incluso un supermercado ya ha dicho que dejará de vender esta especie “por las dudas que existen sobre el impacto de las granjas de panga en el medio ambiente". La polémica está servida. Pero la historia del panga es mucho más:

Es una historia de destrucción del medio ambiente: por el impacto que producen las granjas, porque se está destruyendo manglar para poner más granjas por su elevada demanda, y porque la pesca industrial ha acabado sobreexplotando los recursos pesqueros y ahora necesitamos criar peces en el otro lado del mundo.

Es una historia de salud: porque evidentemente el panga pasa todos los controles sanitarios y de aduanas y no vulnera la ley. Pero, ¿hasta dónde influyen las empresas en establecer unos niveles altos de estos antibióticos?

Es una historia de derechos humanos e igualdad: comer este pescado tan barato aquí hace que su producción se abarate, para lo que no se están pagando sueldos dignos ni condiciones dignas de trabajo.

Es una historia de injusticia: Injusticia sí. La producción barata en Vietnam hace que las condiciones laborales no sean dignas, y al mismo tiempo el elevado consumo de esta especie afecta al sector pesquero de aquí, que ve como sus precios, su trabajo y sus condiciones son cuestionadas o abaratadas.

Es una historia de locura: la pesca industrial ha sobreexplotado los caladeros, y ponemos la acuicultura como una solución. Si necesitamos capturar peces para alimentar y engordar peces, es evidente que algo no funciona.

Es una historia de nutrición: hay que alimentarse de manera sana. Pero no es muy cuerdo que estemos criando niñas y niños obesos en algunos países y haya otros en el mundo que sufren desnutrición.

Es una historia de trasparencia: porque se ha utilizado el panga para sustituir el lenguado, el mero, el aligote e incluso el cazón. ¿Nos han dado esa información? ¿Hemos mirado la etiqueta?

Es una historia de política: sí esos que hemos votado y re-votado. Ellos sabían esto, y sin embargo han seguido permitiendo que se importe panga, se abaraten los precios y se pierda el sector pesquero en España.

Es una historia de cambio: Porque si queremos mejorar, el cambio tiene que empezar por la ciudadanía. Dudo que la clase política tome medidas que nos beneficien a la mayoría, no creo que las empresas dejen de apostar por sus beneficios y apuesten por las personas...a lo mejor, es que el cambio debe comenzar desde la propia sociedad.

Ahora que sabes más sobre el panga, si lo vas a comer o no, depende de ti. Puedes seguir comiendo e ignorar lo evidente o cambiar tu consumo.

Es buena idea no comer tanto pescado, y elegirlo de mejor calidad, cercano,  fresco, de temporada, del de toda la vida. ¿Te subes a la ola del cambio?