Todavía no conozco el Ártico, a pesar de varias invitaciones que, en su día, no pude aprovechar. Una de mis muchas asignaturas pendientes, en mi empeño de entender mejor el mundo en el que vivimos, y de actuar en consecuencia.


Imagen de la reunión en la embajada danesa de Madrid/ Greenpeace

Por lo tanto, mi conocimiento sobre su situación actual está basado en la experiencia de muchas otras personas (expertos, activistas...), y también en la evidencia del impacto de su progresivo deshielo sobre todos los seres vivos que allí habitan. Y sin embargo, a lo largo de los últimos años he sentido un creciente interés y un progresivo compromiso hacia el Ártico; sobre todo,a partir de mi participación en la Global Ocean Commission , que me ha permitido profundizar en el extraordinario papel de los océanos en los equilibrios planetarios y en las medidas que podrían revertir su declive.

Seguramente, muchas personas todavía no son conscientes de la estrecha interdependencia entre el cambio climático y la salud de los océanos; y, de hecho, solo en el último informe del IPCC se ha enfatizado dicha interdependencia como uno de los grandes riesgos que pueden acelerar el calentamiento global, los fenómenos meteorológicos extremos y la pérdida de biodiversidad marina.

El océano, que cubre las tres cuartas partes del planeta, es un inmenso sumidero de CO2 (absorbe más del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero), y almacena, además, casi el 90% del aumento de temperatura provocado por el cambio climático. Pero esa impresionante capacidad de mitigación de los efectos del calentamiento global se está reduciendo rápidamente, a causa de la acidificación generada por el propio incremento de la temperatura, que afecta a toda forma de vida marina y deteriora irreversiblemente la resiliencia del océano.

Al aceptar implicarme en la campaña por el Ártico, he asumido la enorme importancia de transmitir, al mayor número posible de ciudadanos, la responsabilidad individual y colectiva de preservar un espacio excesivamente valioso para la humanidad como para dejarlo al libre albedrío de los intereses particulares.

La degradación del Ártico es, al mismo tiempo, la consecuencia del modelo energético basado en los combustibles fósiles, y la causa de procesos que agravan los efectos del cambio climático, al acelerarse la desaparición de grandes masas de hielo, haciendo además accesibles grandes reservas de hidrocarburos, objeto de la codicia de las grandes compañías.

Soy bien consciente que dicha preservación resultará mucho más difícil de conseguir que en el caso de la Antártida, por razones muy diversas; pero confío en la capacidad de explicar que existen alternativas para el desarrollo y el bienestar de las poblaciones locales, basadas en el principio de precaución en el uso de los recursos naturales, así como en el uso de las modernas tecnologías en el campo de la energía y de las comunicaciones.

Durante estos días me he reunido con los embajadores y las embajadoras de Dinamarca, Noruega y Suecia. A pesar de los más de 5.000 kilómetros de distancia que nos separan del Ártico, con las embajadas hemos hablado de por qué en España importa la desaparición del Ártico así como la imperiosa necesidad de establecer una verdadera gobernanza supranacional del Ártico.  Muchas de las Estrategias ambientales de estos países quedan lejos de la protección del Ártico que consideramos necesaria, y responden a un enfoque del paradigma economicista y cortoplacista dominante: ese paradigma que ha conducido a una globalización sin apenas regulación de los bienes comunes y sin suficiente exigencia de responsabilidades hacia quienes despilfarran, contaminan o destruyen tales bienes comunes, sean estos la estabilidad financiera o el equilibrio climático.

Pero creo que hay margen para la esperanza, ya que se van abriendo paso otras formas de interpretar la realidad, desde un análisis más integral, mucho más responsable. Ojalá lleguemos a tiempo para evitar el colapso del Ártico.


Cristina Narbona Ruiz
Es Comisaria de la Comisión Global de los Océanos y firmante de la Declaración por el Futuro del Ártico.
Ministra de Medio Ambiente 2004-2008