El consumo exagerado de carne y sus derivados no solo tiene consecuencias para nuestra salud, también las tiene para la salud del planeta. Para curar este mal hace falta voluntad individual pero también política.



El apetito por la carne no para de crecer. Entre 1980 y 2012 el consumo de carne per cápita a nivel mundial ha aumentado un 40%. Sin embargo, como tantas otras cosas, está distribuido de forma muy desigual. Por ejemplo, en India la media per cápita y año es de cinco kilogramos, mientras que en EE.UU es de 75 kg. En España, es de 51 kg.

Según el World Cancer Research Fund el nivel considerado sano está en torno a los 25 kg, la mitad de lo que se consume actualmente en España. En nuestro país la dieta sufrió un cambio radical y mientras en los años 60 la carne y el pescado representaban el 6,3% de nuestra alimentación, actualmente representan el 16%. ¡En medio siglo casi ha triplicado! Por ello es urgente romper esta tendencia, porque nuestra salud ni la del planeta (este lo tiene incluso peor) lo aguantan. Aquí cinco razones para reducir urgentemente el consumo de carne, pero se pueden añadir más:

1. Por el bien de nuestra salud

Las conclusiones del informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado esta semana y que clasifica a la carne procesada como “carcinógena para los humanos” y la carne roja como “probablemente carcinógena para los humanos” creo que no ha pasado desapercebido a casi nadie.

Pero, no solo de cáncer estamos hablando. El consumo excesivo de carne en combinación con otros factores, como por ejemplo la falta de ejercicio físico, contribuye a generar sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares. Pero, carne proveniente de granjas industriales ingieren también residuos de antibióticos e incluso hormonas de estrés de los animales. España, según los últimos datos disponibles, es el segundo país de la UE que más consume antibióticos para la ganadería industrial. ¡Casi 2.000 toneladas en 2011!

2. Para frenar el cambio climático

La ganadería es responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Junto con el sector de la energía y del transporte es una de las principales contribuyentes del cambio climático.  Además, el ganado emite metano, otro peligroso gas de efecto invernadero.

La necesidad de reducir el consumo de carne para frenar el cambio climático es una de las conclusiones de uno de los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

3. Para conservar la tierra para alimentar al mundo

Cerca del 75% de la superficie agraria mundial se destina a la alimentación y crianza de animales. ¡Solo ¼  se destina a producir alimentos para consumo directo humano! Un tercio de la producción mundial de cereales y el 80% de la soja, en su mayoría transgénica, termina convertida en piensos para animales y no en nuestros platos. ¡Para producir un kg de carne de vacuno son necesarios entre siete y diez kg de piensos y hasta 15.000 litros de agua!

Para que los países enriquecidos puedan disponer de carne barata, hábitats de gran valor ecológico, como los bosques tropicales son devastados. Por ejemplo, se estima que la ganadería industrial es responsable del 80% de la deforestación de la Amazonia y ha convertido Argentina en un “desierto verde” donde impera la producción de soja… transgénica.

4. Para proteger la biodiversidad

La agricultura industrial es un buldozer que destruye masivamente la biodiversidad, incluso la alimentaria. En el mundo existen más de 30.000 especies vegetales comestibles y cada vez centramos más la nuestra y la de los animales en cuatro: trigo, soja, maíz y arroz. Lo mismo hace la ganadería industrial. Según la FAO, ⅕ de las razas de ganado a nivel mundial está en peligro de extinción.

Los monocultivos para la producción de piensos son altamente demandantes de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, una amenaza directa para muchas especies. Las lindes de los campos y los setos desaparecen destruyendo así importantes hábitats. Incluso para la propia agricultura porque son refugio y fuente de alimento para muchas especies beneficiosas, como los insectos polinizadores.

Al contrario, la agricultura ecológica trabaja con la naturaleza y no en su contra y potenciar la biodiversidad es una de sus máximas para recuperar y preservar el equilibrio ecológico. El bienestar animal y la recuperación de razas autóctonas es también una máxima de la ganadería ecológica.

5. Para proteger los suelos y el agua

La agricultura ganaderías industriales están basadas en el beneficio económico, no en proteger el medio ambiente ni nuestra salud. El uso masivo de fertilizantes sintéticos nitrogenados en la agricultura provoca la contaminación de los acuíferos, ríos y océanos. La ganadería industrial genera ingentes cantidades de purines, lo que dificulta su adecuada gestión y provoca la contaminación del suelo y del agua.

Y dirás ¿ante esto qué hago? Lo primero adoptar la tan famosa pero también olvidada dieta mediterránea, considerada una de las más sanas (es patrimonio inmaterial de la humanidad) y hay estudios que demuestran que los beneficios para el planeta son también ingentes. En esta el consumo de carne es esporádico y no rutinario como en la dieta predominante. Lo segundo, y por todo lo dicho anteriormente, lo mejor es que todos los alimentos derivados de animales que consumamos provengan de la ganadería ecológica.